The making of
Experimenta66
¡TIC, TAC, TIC, TAC…!

A los diseñadores nos gusta empezar a trabajar con todo el contenido, textos e imágenes definitivos encima de la mesa. Así nos aseguramos de que las decisiones que tomamos van a funcionar en todos los casos y además podemos tener presente la estructura definitiva de la obra. Y el tiempo. Sin sorpresas. Pero cuando se trata de una revista, eso es imposible. No hay manera. Los autores se retrasan, el editor se desespera, las imágenes no llegan, hay que cambiar un montón de cosas, traducir, corregir, retocar… No hay más remedio que armarse de paciencia y echar horas. La sorpresa es el caldo de cultivo en el que va creciendo el proyecto, con la presencia angustiosa del calendario. El tiempo pasa, tic, tac, tic, tac… Como se trataba de un número dedicado a la auto producción la primera idea fue utilizar letras troqueladas con la expresión “DO IT YOURSELF” para que cada uno pudiera componer su portada. Para explicar al lector qué cosas podría hacer con esas letras pensamos en usar los titulares de las portadillas como ejemplo. Se trataba de mostrar posibilidades. Una era la de manipular alguna de las letras: forrar, envolver, pegar con cinta adhesiva, cortar, doblar e incluso fingir cosidos, volumetrías o el proceso de elaboración de un impresora 3D construyendo las letras corpóreas. Es decir, usando los lenguajes propios de la autoproducción. Cutter, tijeras, hilo, cuerda, cinta adhesiva… y a probar. Cortamos algunas letras, las troqueladas de verdad ¡no estarían hasta el último día!, y nos pusimos a ello. Nos parecía interesante que cada manipulación tuviera relación con el contenido del artículo, lo cual se antojó una quimera, por muchas razones, a medida que nos iban llegando los textos.

Al avanzar en esta idea (tic, tac, tic, tac…) nos iba invadiendo el temor de que el resultado pudiera ser un batiburrillo de efectos, gratuito y además falso porque tendríamos que fingir los manipulados ya que no teníamos letras troqueladas. Renunciamos, pues, a los efectos y empezamos a componer con la Steelfish sin manipular (tic, tac, tic, tac…). Cuando estás en un proyecto como este el tiempo no transcurre de una manera lineal y constante. No. Se va acelerando progresivamente. Tic…tac, tic..tac, tic tac, tictac… Decides troquelar letras y haces un boceto que va a la imprenta para que estudien su viabilidad con el troquelador. Pasan unos días y no hay contestación. Bueno, hay tiempo. Un día llamas y preguntas. “¡Ah! El troquel” -te contestan- “¿No te había dicho nada? Hay que separar mucho más las letras entre sí.” “¡Vaya!” –dices_ “Y ¿cuánto?” “No sé. Lo pregunto y te lo digo”. Dos días más y al fin llega la respuesta, un poco ambigua e imprecisa, pero renuncias a concretar más y te pones manos a la obra para corregir la composición. Lo cual no es tan fácil como puede parecer. Al día siguiente lo envías para que lo aprueben y vuelves a llamar: “El del troquel está fuera estos días”. Mientras te empieza a entrar un sudor frío, porque miras el calendario y ves qué cerca está la fecha de entrega (tic, tac, tic, tac…), comienzas a replantearte las portadillas, a pedir que te envíen los textos de introducción de cada artículo, las biografías de los autores, sus fotos… y a componer de distintas maneras hasta encontrar la que te gusta (tic, tac, tic, tac…), con la esperanza de que lo que haces se adapte bien a cada caso y funcione. Al final todo encaja. Las letras troqueladas tardan en llegar, pero llegan. El problema de que al abrir la revista se caigan todas al suelo, se resuelve. Lo de la realidad aumentada funciona. Y lo mismo con otro montón de dificultades que acaban por solucionarse. La revista se imprime. Parece imposible, pero se imprime en forma y tiempo. Tienes la sensación de que las cosas salen porque detrás hay un equipo que se ha dejado la piel (editor, diseñadores, fotógrafo, impresores…). Y te preguntas, por enésima vez, si siempre ha de ser igual, si no se puede hacer de otra forma. Hasta que alguien vuelve a llamar y…

La idea para la cubierta fue proporcionar a los lectores un juego de letras troqueladas para que ellos mismos se pudieran diseñar su propia portada (Do it yourself). Para explicar a los lectores qué podían hacer, se materializaron unas cuantas ideas utilizando las letras troqueladas. La intención era mostrar en el interior de la revista algún ejemplo de “rediseño” de portada. Sobre estas líneas se muestra uno de los bocetos creados, en este caso con la ayuda de “cinta americana”.